viernes, 19 de junio de 2026

¿Por qué nos relacionamos como lo hacemos?

            ¿Por qué nos relacionamos cómo lo hacemos?

Alguna vez se han preguntado porqué a algunas personas les cuesta tanto confiar? Mientras otras llevan la necesidad de una constante aprobación para sentirse completas y pertenecientes a algún sitio?
Afortunadamente, desde la psicología estos interrogantes han sido cuestionados durante décadas. Aunque solemos pensar que estas conductas simplemente refieren a nuestra personalidad, diversos estudios nos muestran que va más allá de eso y que traen consigo raíces muy profundas. Desde la infancia, traemos una necesidad innata de construir vínculos emocionales, como lo diría el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby "Imperativos biológicos" Bowlby, J. (1969). 
A partir de nuestras primeras relaciones, comúnmente creadas con nuestros cuidadores principales, siendo nuestros padres, comenzamos a construir una idea sobre quiénes somos, lo que podemos esperar de otros y cómo funcionan los vínculos afectivos. Por esta razón, entender cómo nos relacionamos de adultos no solo es evaluar nuestra personalidad, sino que implica devolver la mirada hacia el pasado y traer consigo las heridas que hemos escondido en el sótano de nuestra vida.
En este blog, explicaremos las experiencias de niños, los distintos estilos de apego y la presencia o ausencia de nuestra principal red de apoyo y como todo esto puede influir en  la forma que nos relacionamos con nuestro entorno.

Los primeros vínculos  
Según Bowlby, J. (1969), el apego es el vínculo emocional que desarrollamos con nuestros cuidadores principales durante la infancia. Estas figuras, que generalmente son nuestros padres, personas encargadas de nuestro cuidado, constituyen nuestra primera red de apoyo, son las personas a las que acudimos en busca de apoyo, protección y seguridad, es por esto que desde acá empezamos a crear una percepción de lo que podemos esperar de los demás.
Los tipos de apego 
Las experiencias vividas con nuestros cuidadores dan lugar a los tipos de apego que creamos. Posteriormente, Ainsworth, M. (1978) amplió la teoría y gracias a su estudio "Situación extraña" conocemos los tipos de apego. El apego seguro, nos brinda comodidad, confianza y relaciones sólidas y saludables, mientras que el ansioso y evitativo traen miedo al abandono y dificultad para generar cercanía. Por último, el apego desorganizado, trae consigo el deseo de cercanía y a su vez el temor a ella trayendo inseguridad. 
Aunque estos modelos no son definitivos varían según como cada persona decide trabajarlos.

La importancia de una red de apoyo
En invulnerables e invertebrados,López, L. (2022)
cuestiona la idea de que los humanos deben ser autosuficientes. En su analogía, "invulnerables" refiere a la persona que siempre se muestra fuerte e independiente, mientras que el "invertebrado" refiere a la persona adaptada dócilmente al mercado y al consumo, llevadas por la sociedad. Inevitablemente podemos darnos cuenta que el ser humano necesita de vínculos y de relaciones para crecer y construirse emocionalmente.

En conclusión, comprender nuestra forma de relacionarnos implica mirar más allá de lo que a simple vista se puede ver y reconocer la influencia de nuestro historial de vida en nuestras relaciones presentes. Los vínculos tempranos, los tipos de apego y nuestras redes de apoyo dejan huella que puede acompañarnos a lo largo de nuestra vida, Sin embargo, conocer esto no es para buscar culpables, sino como una forma de conocernos a mayor      profundidad. 
Quizás esta sea también una invitación a volver la mirada hacia                                                                  el  niño interior que llevamos dentro, a escuchar todas aquellas necesidades que en algún momento, por alguna razón, pospusimos o silenciamos. Reconocerlas con empatía puede ser el primer paso para aprender a amar mejor, a relacionarnos desde la confianza y a construir vínculos más sólidos, saludables y felices.

Elaborado por Emily Salazar Nuñez 11-3

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